OMAR RAYO

OMAR RAYO 1,928 - 2,010 La geometría, la ilusión óptica y el rigor técnico caracterizaron la propuesta de ómar Rayo, nacido en 1928. De formación autodidacta, su primera elección fue ejerciendo la caricatura, donde se destacó como uno de los mejores hacia finales de la década del cuarenta en Colombia. Escogió para caracterizar su estilo la geometrizacion de los rasgos de los aludidos quienes eran representados mediante tablas, esta particular manera de abordar el género la tituló “Maderismo”. La primera exhibición como artista creativo fue planificada con formas figurativas influidas por el Surrealismo. Alargadas y estilizadas con reminiscencias vegetales y sobre paisajes metafísicos. Esta otra etapa la denominó “Bejuquismo”. En 1954 emprende un viaje por tierra a Suramérica. Esta travesía que duró cuatro años lo llevó a visitar Ecuador, Perú, Brasil, Uruguay, Argentina y Chile. En las capitales de estos países no solamente produjo obras sino que exhibió. Su trabajo entonces no solo da cuenta de los lugares, argumentando en torno a los mismos, sino que se decide por la geometría como lenguaje. Lo cual es coincidente con muchos de los que van a ser sus colegasOmar Rayo en América Latina como Alejandro Otero, Jesús Rafael Soto, Carlos Cruz Díez, Julio Le Parc, Eduardo Mc Entyre, Edgar Negret o Eduardo Ramírez Villamizar para nombrar algunos con puntos comunes y con los que Omar Rayo tuvo relaciones personales. En ese nomadismo sus planteamientos se enriquecieron con distintas experiencias: la naturaleza, el arte popular, el legado precolombino y la diversidad étnica. Fueron éstos los argumentos que trató en la serie que se conoce como “Vía Sur”. Quiero resaltar de este período la obra “Paisaje de Nazca II” fechada en 1956, donde es evidente la interpretación del legado prehispánico como referente y su voluntad de abstracción, simplificación y economía cromática, características todas que van a acompañar su propuesta posterior. Igualmente la acuarela “Bodegón de Buenos Aires” del mismo año, donde se advierte la influencia de Joaquín Torres García, no solamente en la distribución geométrica, el uso de la cruz, la letra, el número, sino en el cromatismo esencialista. Luego regresa a Colombia en 1958, pero solo para exhibir su nueva producción y preparar el viaje a México. País donde entrará en contacto no solamente con artistas como Siqueiros y Tamayo sino con los de la nueva generación: Cuevas, Rojo, Felguérez, García Ponce, López Loza, Aceves Navarro, Coen, Goeritz, Sebastian, Von Gunten, Gironella, Toledo. Allí estuvo hasta 1961. La estadía en México fue definitiva para la conceptualización y afirmación de su personalidad artística. Su pintura se tornó decididamente abstracta, con colores planos y bordes duros. Usó el círculo, el cuadrado, el rectángulo para interrelacionarlos y crear composiciones asimétricas controladas. La gama cromática incluía colores como azul, verde, rojo, amarillo, gris, negro y blanco. Pintó en acrílico sobre lienzo. Algunas de estas formas entrelazadas
comenzaron a ser sombreadas en los bordes a fin de producir ilusión. Allí encontrará el artista su manera de plantear elementos vibracionistas y de consolidar una imagen diferenciada. Otro gran hallazgo de su estancia en México fue el acercamiento al grabado y el logro con sus relieves sobre papel d´Arches de 300 libras que se conocen como “Intanglios”. Estos comenzaron a ser realizados allí pero solo serían exhibidos en Nueva York donde fueron muy apreciados y provocaron la adquisición de una docena de estas piezas para la colección del Museo de Arte Moderno, en 1962. Estas obras gráficas, resultado de planchas talladas por el artista en cartón, producían imágenes en relieve que no necesitaban de la línea para existir. Muchos de los argumentos se concentraban en ganchos, tijeras, botones, serruchos, clavos, camisas, corbatas, platos, cubiertos y demás argumentos que lo relacionaban con el Pop-Art naciente. Jasper Jones declararía públicamente la influencia que la obra de Rayo había ejercido sobre él. Uno de estos “Intaglios” incoloros: “Porqué la Torre blanca está cansada” de 1966, fue el que Marcel Duchamp vio y solicitó al artista para una subasta en beneficio de los ajedrecistas. Como agradecimiento Duchamp le regaló un grabado en metal fechado en 1925 que representa dos perfiles. La pieza dedicada a Rayo se conserva en el Museo de Dibujo y Grabado Latinoamericano que éste inauguró en Roldanillo su ciudad natal en 1981 y que sigue funcionando hasta hoy. OBRA

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